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Última actualización: 09/08/2017

INFRAESTRUCTURAS VERDES

CONTINUIDAD Y CONECTIVIDAD FLUVIAL

Los ríos y sus riberas tienen una estructura y dinámica que viene marcada por su organización lineal y continúa a lo largo de lo que podríamos denominar un “continuo fluvial”. Sin embargo, la estructura y dinámica longitudinal no es la única que marca el funcionamiento de los ríos y riberas como ecosistemas, sino que existen otras dos dimensiones igualmente importantes: la transversal y la vertical.

La conectividad longitudinal es la más intuitiva ya que viene marcada por la dirección de la corriente del río desde su nacimiento hasta la desembocadura, siendo la principal responsable de las características de las comunidades biológicas acuáticas y de ribera.

La conectividad transversal por su parte, viene definida por la conexión existente entre el cauce y su llanura de inundación, relación que alcanza su máximo cuando los ríos se desbordan e inundan la llanura fluvial.

Por último, la conectividad vertical nos muestra que los ríos no solo están constituidos por lo que se ve, sino también por otros compartimentos como el sustrato sobre el que se asienta el río o los acuíferos subyacentes, que son de vital importancia para mantener la continuidad del río en periodos de máximo estiaje.

El mantenimiento de este entramado de conexiones en el espacio y en el tiempo es de vital importancia para que nuestros ríos alcancen un “buen estado de salud” o buen estado ecológico, ya que acerca el ecosistema fluvial a su estado natural, es decir, el que tendría en ausencia de intervención humana.

La existencia de estructuras transversales en los ríos, como las presas y los azudes, implican una alteración de la dinámica natural del río y más concretamente de su continuidad longitudinal. En ocasiones, debido a los servicios que prestan estas infraestructuras para el riego de las vegas ribereñas o para la generación de energía hidroeléctrica, no es posible su eliminación. Sin embargo, una vez que estas caen en desuso o pierden la concesión, la demolición debería convertirse en un procedimiento habitual. En los casos en que la demolición no es posible, se recurre a los que se denomina “permeabilización”, como medio de minimizar los impactos negativos que generan sobre la continuidad del ecosistema fluvial, la pérdida de hábitats y la biodiversidad del río y sus riberas.

La recuperación parcial o total de la continuidad longitudinal, transversal y vertical tiene como objetivo final aproximar el ecosistema fluvial a su estado natural.

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