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Ascensión al calar de la Cabeza de la Mora desde el Parolís

Datos técnicos

  • Distancia: 26 km.
  • Duración: 9 h.
  • Desnivel: 1700 m.
  • Tipo de marcha: circular.
  • Dificultad: alta.
  • Tipo de camino: carril, sendas y monte a través.
Perfil de la ruta a tamaño completo

Introducción

El Calar de la Cabeza de la Mora es uno más de los grandes zócalos montañosos que acompañan al río Segura en sus inicios cristalinos y vigorosos en el extremo de la cuenca. Rodeado de otros calares de mayor entidad y altura — calares del Cobo, de la Sima, de las Pilillas — su ascensión no desmerece para nada en relación a sus vecinos.

La propuesta que hacemos aquí es un itinerario integral partiendo de la misma orilla del río Segura en la bonita aldea de Parolís (también Parolix). Remontaremos por la cara este del calar recorriendo varios valles y aldeas como Besiges y la propia Cabeza de la Mora para ascender a la cumbre. El descenso propuesto transcurre por uno de los lugares más espectaculares de la cuenca, los Huecos de Bañares, donde nace con fuerza el arroyo de la Espinea para despeñarse centenares de metros más abajo en su búsqueda del Segura.

Aldea de Cabeza de la Mora

Descripción

Tomando como referencia la localidad de Yeste cogeremos la carretera de Santiago de la Espada que desciende al curso del Segura para remontarlo hacia las Juntas. Tras pasar por Ladonal y el cruce de la Alcantarilla llegaremos a la aldea de Parolís bajo una destacada peña que se yergue desafiante sobre el caserío. Dejamos el vehículo y comenzamos a caminar por un carril que sale junto al puente sobre el arroyo de la Espinea remontándolo por la margen derecha.

El carril va ascendiendo en paralelo al arroyo de la Espina hasta que encontramos una primera bifurcación. Nosotros torcemos a la izquierda teniendo presente que regresaremos por el camino que desechamos a la derecha. Unos metros más arriba alcanzamos el caserío del Robledo donde sólo una de las casas parece seguir en pie y el resto están diseminadas a ambos lados del valle esperando que el tiempo y los temporales las devoren.

Vistas hacia río Zumeta, los Macalones y la Muela

El carril, amplio y cómodo, continúa subiendo a los pies del cerro Guijarral. En un momento dado podemos dejarlo por la derecha y acortar el amplio bucle que efectúa para rodear una prolongación del cerro anteriormente mencionado. Tras el atajo aparecemos en un collado que da vistas hacia el arroyo de los Asperones. El terreno forestal deja paso al olivar y deberemos estar muy atentos en el tema de la orientación para encontrar el buen camino.

Para ello, rodeamos el olivar por la linde con el terreno forestal siempre por la derecha en el sentido de la marcha que llevamos hasta encontrar un carril muy perdido que se dirige al eje del barranco de los Asperones. Es importante hacer bien el paso porque en el arroyo hay muchas zarzas y sólo un par de lugares practicables.

Un vez que hemos cruzado el arroyo seguimos caminando por la linde entre el terreno agrícola y el forestal avanzando a media ladera y pasando por un cercado. Enseguida entraremos de nuevo en el dominio de los pinos para volver a hacer la misma jugada que antes: como el carril hace un amplio bucle para pasar al siguiente valle, nosotros nos colamos por un colladito que da vistas al arroyo de la Cabeza de la Mora. Enseguida veremos la pista amplia que asciende desde la carretera de las Juntas. Pasamos junto a la aldea abandonada de Besiges (también llamada el Olivarico en alguna cartografía) y remontamos esforzadamente las cuestas de la pista hasta llegar a la encantadora aldea de Cabeza de la Mora (sólo encontraremos un cruce en esta parte de la pista que sale a la derecha y que se dirige al cortijo de Arroyo Seco — Royoseco — pero nosotros no la tomamos).

Atardecer en la cumbre del calar

Aquí podemos refrescarnos en el magnífico pilón bajo unas encinas centenarias con panorámicas soberbias de toda la sierra albaceteña, así como de gran parte del noroeste murciano. Y falta que nos hará, porque todavía nos queda un buen tramo de subida hasta montarnos en la plataforma del calar.

Para ello, desde la misma aldea de la Cabeza de la Mora, cogemos una pista que remonta hacia una nave para el ganado que hay sobre el caserío. Desde la parte de atrás sale una vereda muy perdida que remonta buscando el portillo de la Espinea. Como no es sencillo dar con la misma la recomendación es bien sencilla: ascender netamente hacia el oeste buscando asomarnos a los precipicios de los Huecos de Bañares con vistas al arroyo de la Espinea.

Vistas hacia el Puntal de la Misa

Por encima de los cortados seguimos ganando altura, nos colamos por terreno evidente y nos ponemos en la plataforma del calar que ahora tenemos que recorrer hacia el sur. Pasaremos un primer promontorio destacado en el que hay una cruz y ya tendremos a la vista el vértice de las Majaícas, la cumbre que vamos a ascender.

Tras haber disfrutado en la cima de las panorámicas en todas direcciones deshacemos el camino hasta los cortados sobre los Huecos de Bañares. Seguiremos caminando siempre con vistas a los precipicios en sentido descendente hasta encontrar el único paso practicable que nos permite descender hacia el arroyo de la Espinea: el portillo del mismo nombre. La senda, muy perdida, desciende por la base de unas enormes paredes que cierran los Huecos por levante y que definen la Loma Rasa. Nos sobrecogerá la perspectiva del Toconal, una aguja de roca (al estilo de los Mallos) que está desprendida de los Poyos de Cañizares, en el Calar de la Sima.

La senda nos va acercando hacia los huelgas y los antiguos sembrados del cortijo de la Espinea donde vivieron varias familias hasta comienzos de los 80 y sus niños iban a la escuela a Siles. Subimos desde el cortijo hasta coger la pista que enlaza la Alcantarilla con la carretera de Segura o, lo que es lo mismo, Albacete y Jaén. Ahora nos toca un tramo de varios kilómetros monótonos caminando por esta amplia pista forestal. Para aliviar los pasos disfrutamos de las espléndidas vistas hacia el sur de la cicatriz del arroyo de la Espinea que separa a tajo el calar de la Sima y el que acabamos de ascender.

Los Huecos de Bañares

Tras varios kilómetros encontramos un desvío a la derecha fácilmente identificable porque hay varios paneles informativos de la Junta de Andalucía ya que estamos precisamente en la linde de las dos comunidades autónomas. Para reconocer todavía de forma más precisa el punto en el que estamos añadimos que se trata de un collado que atraviesa la cuerda de los Picachos de los Encerradores.

Cogemos el carril secundario que desciende de forma pronunciada hacia levante y en apenas 400 metros estamos atentos para descender por otro camino todavía menos definido con clara orientación sur. Así alcanzamos un nuevo olivar que pasamos por la derecha y la senda sigue hacia abajo, hacia el cauce del arroyo de la Espinea, montada en un espolón que ya no abandonamos.

Y así, tras un breve descenso entre jaras, pinos y aladiernos alcanzamos de nuevo el cauce del arroyo, lo cruzamos y salimos a un carril. Caminamos por el mismo y pronto llegamos a la bifurcación que hemos dejado al principio de la ruta. Desde aquí ya sólo nos queda desandar unos metros hasta Parolís.

LOS POBLADORES DE LAS MONTAÑAS


En una ruta como esta uno puede apreciar los cortijos situados en lugares inexpugnables y aldeas alejadas de la civilización por caminos intransitables. Los moradores de las montañas siempre han sido autónomos y han basado su subsistencia en la capacidad de gestionar sus propias necesidades valiéndose de la tierra y el ganado.

En el sitio web del ayuntamiento de Segura de la Sierra podemos encontrar escrito lo siguiente sobre esta zona de la sierra de Segura: Llegamos al cuarto de los Huecos de Bañares de Segura de la Sierra. Tiene una extensión de 4.249 hectáreas y limita al norte con el término municipal de Siles, y la provincia de Albacete. Al este también con Albacete, al sur con el término municipal de Santiago-Pontones y al oeste con Santiago-Pontones y con el cuarto perteneciente al municipio de Benatae. Hasta estos pagos, hace no más de quince años, aún llegaba, a caballo, el correo. Enormes piedras, paisajes abruptos, soledad que alivia de conflictos y plantea enigmas: ¿cómo ha vivido aquí el ser humano? Infinidad de cortijos abandonados, la mayoría destruidos, que están ahí para recordar las duras condiciones de vida que han soportado sus habitantes; o, al menos, así se lo quiso demostrar el desarrollo industrial, desde los centros urbanos más prósperos de nuestro país, necesitado de mano de obra dura y barata. A cambio ofrecía felicidad, confort, consumo y olvido.

Así pues, los serranos que habitaban estos pagos debieron emigrar en busca de una vida diferente, con más oportunidades para sus hijos en las ciudades y centros industriales. Esa es la explicación más sencilla — pero no la única — para la gran cantidad de cortijos y aldeas abandonadas en estas montañas del Segura.

Observaciones

  1. La excursión se puede acortar ostensiblemente subiendo con vehículo por la pista de la Alcantarilla hasta el cortijo de la Espinea y haciendo una actividad lineal pasando por el portillo de la Espinea.
  2. Una opción interesante y montañera consiste en tomar desde la aldea de Cabeza de la Mora un carril que busca la cuerda de la Lastra doblando la vaguada del arroyo de la Cabeza de la Mora. Una vez que estamos en la cuerda de la Lastra caminaremos hacia poniente ganando altura hasta el vértice de las Majaícas. Bonitas vistas del calar de las Pilillas y la zona de las Juntas.
  3. Otra opción para intrépidos consiste en descender desde el cortijo de la Espinea por el interior del arroyo. Se trata de un recorrido complicado en función del caudal del arroyo y también de la época del año que requiere de técnicas de barranquismo.

Galería de imágenes

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