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Ascensión al Calar de la Sima desde Arguellite

Datos técnicos

  • Distancia: 15 km.
  • Duración: 6 h.
  • Desnivel: 1150 m.
  • Tipo de marcha: circular.
  • Dificultad: media.
  • Tipo de camino: carril, sendas y monte a través.
Perfil de la ruta a tamaño completo

Introducción

Tal y como ya hemos comentado en otras ocasiones, el término calar es muy común en las béticas. Normalmente, hace referencia a extensas moles calizas que actúan como verdaderas esponjas cuando les llueve o nieva. La naturaleza química de las rocas propicia la disolución de las partes más carbonatadas y éstas presentan aspectos característicos: agrietados, afilados, agujereados, etc. Además, estas geoformas aparecen en todas las escalas posibles, desde enormes hundimientos como el poljé de Nablanca con muchos kilómetros de diámetro a infinitesimales poros y milimétricos intersticios por los que se desliza y filtra — cala — el agua.

Las defensas del Castillico: sólo ofrecen dos o tres huecos para pasar

El Calar de la Sima es el típico ejemplo de calar bético. Se trata de una formidable sierra situada a caballo entre las provincias de Albacete y Jaén. Su relieve se extiende de norte a sur a lo largo de más de cinco kilómetros en los que mantiene una altura constante que ronda los 1.800 metros, lo que le confiere un rango especial y superior sobre sus vecinas que apenas alcanzan los 1700 en lugares puntuales. El rasgo más característico de este calar es una muela enorme situada en el centro geográfico de la divisoria conocida como la Peña Palomera mientras que la máxima elevación es el Cerrico de las Mentiras que ronda los 1.900 metros y que apenas se distingue en la enormidad de la cuerda, que los lugareños llaman de las Víboras.

Nuestra propuesta consiste en una ascensión circular por la zona más abrupta y pendiente de la montaña para ganar pronto la divisoria y deleitarnos con las excepcionales panorámicas. El descenso se realiza a los pies de la Peña Palomera, siguiendo en primera instancia el arroyo que nace en sus entrañas y recorriendo finalmente a media ladera el Calar por un tranquilo carril con estupendas vistas.

La Peña Palomera en la distancia

Descripción

Tomando como referencia la localidad de Yeste saldremos hacia Arguellite por la CM-3212 que recorre la solana del Monte Ardal y pasa por la aldea de Bochorna. Esta zona se encuentra sin vegetación arbórea por el terrible incendio de 1995 que asoló la sierra del Segura desde las Juntas, en el límite con Jaén, hasta las propias puertas del pueblo. Pronto encontraremos un desvío en forma de Y. Mientras que a la derecha llegaríamos a los Prados nosotros tomamos a la izquierda y en descenso hacemos los últimos kilómetros de curvas hasta llegar a Arguellite donde dejamos el vehículo.

Comenzaremos caminando por el camino de asfalto que remonta precisamente hacia los Prados. Tras unos 800 metros aproximadamente encontraremos una curva muy cerrada a la derecha y un camino de tierra que sale a la izquierda. Nos adentramos por el mismo bajo la sombra de encinas monumentales. Este camino lleva a una casa cercana y nosotros lo abandonamos por la derecha en ascenso fuerte hacia una balsa fácilmente identificable por las huellas del ganado y las conducciones de agua.

Desde la balsa continuamos en fuerte ascenso por una senda que se adentra en el bosque y que nos saca a la pista transversal que, a media ladera, recorre toda la cara este del calar. Aunque este último tramo puede resultar confuso no hay problema ya que encontraremos la pista más pronto que tarde aunque nos salgamos de la traza.

Vistas desde el Poyo Cañizares hacia los Voladores y la cuenca del río Tus

Una vez que alcanzamos la pista caminamos hacia la izquierda (sur) y en pocos metros llegamos a un collado (separa la cuerda de la Melera del Calar de la Sima) con un claro. Aquí deberemos estar atentos pues a la derecha veremos una senda que sale nítida con orientación oeste y bastantes hitos. La cogemos y nos introducimos en el espeso bosquete de esta ladera del calar.

La senda poco a poco va cogiendo cada vez más pendiente y se acerca a la base del Castillico, un destacado espolón rocoso que ascendemos haciendo zigzag entre chaparros, pinos y sabinas. Merece la pena asomarnos a este balcón y disfrutar de las vistas de Arguellite, los Prados, la Alcantarilla y otras muchas aldeas que miran al Segura y al sol de la mañana.

Desde el castillico nos dirigimos al norte por el reborde superior de las paredes hasta que encontramos la bonita ‘fuente de los Caños’ que desagua por una fina cascada hacia el precipicio. A continuación deberemos fijarnos en la divisoria del Calar. Veremos en dirección oeste un collado levemente marcado hacia el que deberemos ascender. No hay ninguna senda definida y nos limitaremos a fijar el rumbo atravesando los pinos y las ramas secas. Las últimas rampas son canchales y sabinas rastreras así como extensos piornales (ojo aquí con las víboras).

Una vez que hayamos ganado la divisoria ya no la abandonaremos. Caminamos hacia al sur y seguimos cogiendo altura hasta el vértice geodésico. Un poco más al sur se tiene el punto más alto del Calar al que accedemos en unos pocos minutos más. Tras apreciar las magníficas panorámicas podemos cambiar de lado y asomarnos a los Poyos de Cañizares, justo al oeste de donde estamos. Así conoceremos uno de los valles más impresionantes de la cuenca: la zona alta del Tus.

Fuente de las Peñas, en la base de la Peña Palomera

Desde este nuevo otero nos dirigimos hacia el sur buscando la peña Palomera que ahora desde arriba apenas se distingue. No obstante, nos sirve de referencia la clara depresión del arroyo que recoge todas las aguas en esta parte sur del calar. La idea es descender hasta el cauce del mismo — normalmente seco — y encontraremos una marcada senda balizada como GR — se trata del GR66.

El descenso nos lleva bajo la Peña Palomera pasando por la fuente de las Peñas. Es habitual que conforme vayamos bajando cada vez el arroyo lleve más agua. En un momento dado la senda se pone en la margen izquierda del arroyo y ya no la abandona hasta entroncar con un carril en una curva cerrada. Nosotros continuamos hacia la izquierda (levante) por dicho carril que, pasando por el bonito cortijo del Rincón Cavero, nos devuelve al collado inicial en el que empezamos la ascensión hacia el Castillico. Desde ahí desharemos nuestros pasos.

LOS PAISAJES KÁRSTICOS

El lento quehacer del agua sobre las rocas carbonatadas ha sido el principal motor de este tipo de paisaje geomorfológico de gran belleza e interés. La geoformas kársticas de las sierras calcáreas de la cuenca, se explican en función de la distribución de los materiales carbonatados, topografía, altitud, exposición y orientación de los relieves respecto a las masas húmedas de procedencia atlántica. El modelado kárstico en la cuenca está ligado a las rocas carbonatadas y a la montaña, y es de carácter poligénico, es decir, se ha formado y evolucionado por superposición de modelados heredados y desarrollados durante dilatados períodos de tiempo, y bajo variadas condiciones morfoclimáticas.

Los mayores y más interesantes paisajes geomorfológicos que llevan el expresivo nombre de calares, se hallan en las montañas del noroeste de la cuenca. Otras sierras más meridionales, en donde calizas y dolomías son las rocas dominantes, también ofrecen interesantes ejemplos de karst, como en Espuña, El Gigante, El Carche, Carrascoy y Cresta del Gallo.

En la cuenca, las geoformas más representativas de estos paisajes geomorfológicos son los lapiaces, dolinas o torcas, simas y cavidades, además de los puntos de descarga o emisión de los acuíferos que el karst alberga. Los lapiaces son el resultado de la disolución diferencial de rocas carbonatadas, caracterizados por la presencia de surcos y acanaladuras, separados por aristas más o menos agudas, y también por pequeñas cavidades de contorno más o menos redondeado. Con frecuencia, el lapiaz se desarrolla aprovechando diaclasas y planos de estratificación de las rocas. Se halla, más o menos desarrollado y conservado, en las áreas de cumbres de los relieves calcáreos: sierras de Revolcadores, Villafuerte, Mojantes, Molino, Palera, Espuña, del Puerto, Burete, Ascoy, El Carche, etc.

Las dolinas o torcas, son depresiones cerradas de planta circular, o elíptica o irregular, de fondo plano y dimensiones variables. El fondo suele estar relleno por formaciones superficiales de diverso origen, las más abundantes son las arcillas de descalcificación o terra rossa. Actúan de sumideros de las aguas pluviales y de fusión de la nieve. Su origen está unido, básicamente, a procesos de disolución, a menudo, favorecidos por las redes de diaclasas, la actividad interna de una capa freática o por colapsos. De ahí, la amplia gama de tipos de dolinas que pueden hallarse en los paisajes kársticos.

Buenos ejemplos de este tipo de geoformas se hallan en las sierras calcáreas del noroeste (en Los Paretones, Casica del Corral, Pedriza, Hoya de Campuzano, Revolcadores, Mojantes, Villafuerte, Gavilán…), en las de Almirez, Gigante, El Carche, Espuña y Cresta del Gallo.

Fuente: Atlas Global de la Región de Murcia. Francisco López Bermúdez.

Observaciones

  1. Una subida interesante también se acomete desde los Prados siguiendo el GR66 hasta la Peña de la Cabeza. Luego se coge un carril hacia la izquierda (sur) que remonta hasta el ‘cuco del Mentiras’ y luego ya, monte a través, se gana la cima.
  2. Desde la aldea de Collado Tornero, en el hueco del Tus, parte una deliciosa senda hacia la Fuente de la Pradomira que remonta bajo el Puntal del Avellano y que nos lleva hacia el ‘cuco’ desde donde enlazamos con la subida anteriormente comentada.
  3. Una sierra vecina — y de mucha menos altura — es el Cuquillo que también puede abordarse en la visita al Calar de la Sima. Para ello debemos descender hacia la Cañada del Avellano por alguno de los pocos pasos practicables y luego remontar hacia la cumbre. Las vistas de la cuenca alta del Tus son impresionantes.

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